Anoche, en un velorio, un señor que estaba sentado a lado mio le dijo a su esposa: "Aquí es donde nos damos cuenta de que no somos nada"
Debo decir que me llamó mucho la atención la manera en que lo dijo, porque no precisamente implicaba un sentimiento de pena, sino una aseveración entendida y asimilada. Desgraciadamente, el velorio era de una persona muy querida para mi, y la frase me hizo pensar en lo que era la señora, y lo que soy yo.
Ciertamente, estando en un funeral, es fácil aceptar que no somos nada, pero difícil enteder también, que a su vez, somos todo. Somos los sueños de ser diferentes, la frustración por no serlo y la pena del amor no realizado. Somos la risa, el llanto y todas las distintas emociones que minuto a minuto entran en nuestra mente y se apoderan de personalidad sin igual que todos cargamos. Somos el amor de otros, la angustia de otros, la risa de otros. Somos los que con cada detalle cotidiano construimos amistades entrañables, creamos utopías y leemos historias de vidas ajenas, que muy bien pudieran ser el guión de las nuestras...
Antes del entierro, tuve que tomar una calafia. Un señor de unos 70 años se disculpó con los pasajeros por molestarlos, pero en este momento no tenía otra forma de ganarse la vida más que cantando. Justo cuando pensaba en las mil cosas que tenía que hacer hoy, una voz desafinada y gastada por el tiempo, me recordó que no importa el momento, el día ni la edad, para dejar de preocuparse por el mañana, sin saber precisamente que haremos hoy. Y sin saber también en que momento, la vida te dará una lección acerca de la gratitud, que te hará derramar una lágrima, por lo hondo que ha llegado dicha lección.
Así, la misma lágrima que no respetó que fuera yo en la calafia, parece tampoco esperar a que ponga mi punto final.
Tal vez somos lo que soñamos ser, y nunca nos daremos cuenta. Creo que somos mucho más de lo que podemos percibirnos, creo que somos más de lo que soñamos, creo que podemos ser todo si lo pensamos...
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The time of your life * Greenday